
Autor: Fabrizio Casari
La idea de derrocar gobiernos por la fuerza es tan antigua como la política. Tiene su origen en los complots para sustituir a la clase dominante por otra nueva y triunfa o fracasa en virtud del sistema de alianzas nacionales e internacionales que los apoyan. La metodología ha cambiado, pero la fisonomía conceptual sigue siendo la misma: imponer por la fuerza el dominio de las élites sobre la voluntad del pueblo y eliminar las anomalías políticas que prometen insubordinación al imperio.
Sin embargo, la historia contemporánea, a pesar de la diversidad geográfica y contextual de los escenarios donde se han producido los golpes de Estado, señala una constante: todos ellos han sido inspirados, financiados, a menudo incluso organizados, por Estados Unidos. En la historia contemporánea, el golpismo existe porque Estados Unidos lo utiliza y, por consiguiente, asociar ambos elementos no es una exageración.