Para Marcela, Camila, Sebastián, Juan Borge Pérez. Tal vez más adelante, para Martín, el nietísimo.
En este aniversario del viaje de Tomás, quise escribir algo diferente. Hay muchos textos bellísimos recogidos por ti Marcela. Otros de Tomás, fusil certero de palabras y de Revolución. De otras compañeras y compañeros. Hasta algún texto mío, que no está del todo redundante. Pero el problema es que no quiero repetir, ni copiar a las inteligentes, ni a los inteligentes. Es por esto que decidí escribirles lo que sigue.
Haber conocido a Tomás Borge a través de ustedes ha sido un privilegio. Antes lo conocí como Ministro de Interior, él no se acordaba. Yo fui designado por Alejandro Guevara, Jefe del Tercer Batallón del EPS, para apoyar al MININT, a desarmar una banda de delincuentes comunes en Acagualinca, que se habían apoderado de armas de guerra y habían tomado unas manzanas del barrio.
Estaban dirigidos por una mujer que se apodaba, “La Chorro de humo”. Exigían ser reconocidos como combatientes y que les dejen las armas, que habían saqueado de los cuarteles que abandonó la Genocida.
Por la noche hubo una reunión en el MININT, estuvo unos minutos Tomàs, y Alejandro Guevara me designó como responsable de la operación, por parte del ejército. Yo era el Jefe de la segunda Compañía del Tercer Batallón del Ejército Popular Sandinista. O sea, tampoco cualquier pendejo…(disculpen la vanidad).
En la madrugada rodeamos la manzana, al amanecer estaban desarmados, la mayoría ebrios, y negociamos horas de horas, porque la Chorro de Humo tenía un grupito de guardaespaldas armados con una ametralladora 50 y una 30. La orden del Ministro del Interior fue, ni un muerto más. (Alejandro me dijo algo así como: a ver cómo le hacés, confiamos en vos.
Casualmente estaban en Managua, Hugo Blanco y Javier Diez Canseco. Más tarde los invité y mandé a buscar, para que estuvieran y me asesoraran. Luego llegó Hugo Torres.
La acción finalizó al atardecer y en la madrugada del día siguiente, con el trabajo de nosotros cavando zanjas y tendiendo tubos, esa manzana ya tenía agua potable, alcantarillado y unas compañeras para que atendieran a los niños. Médicos y lo que iba dando la Revolución poco a poco.
Esa fue la primera vez que conocí a Tomàs. Luego lo conocí muchas veces más, parafraseando a Marcela, aunque no en el mismo sentido, lo mío mucho más simple. Militar. Ni un muerto más, y le cumplimos.
Quiero decirles que para mí es un honor haber conocido al Comandante Tomás Borge Martínez. Me siento honrado y regalado por la Naturaleza, por la Vida, por la Historia, por mi propia decisión y vocación de participar en la lucha para compartir el “pan y la belleza”, entre todos.
Pero el honor más grande es cuando, ya terriblemente (maravillosamente) enamorado de Marcela, Tomàs se preocupó de la salud de Maruja, del nacimiento de Martincito nuestro hijo, (que nació antes de los 7 meses, en plena huelga contra Violeta Chamorro)y Tomàs estuvo pendiente, cada vez que podía, de cada detalle del tratamiento de ambos.
De las pocas veces que le pude servir de algo, siempre fue generoso y didáctico en sus palabras.
Quiero compartir con ustedes que la ternura con la que se ocupaba de Camila, de Sebastián, de Juan, no es usual. El Comandante se ocupaba de los detalles para que Sebastián no se sienta incómodo si se hacía la pipí, y llamaba por radio para ver si se habían preocupado de ello.
Una vez en el baño del Estadio, Tomàs fue a orinar, no quiso escolta, yo lo acompañé porque pensé que debía estar alguien con él. En el urinario de al lado había un hombre mayor, bebido, que se voltea y lo ve. Dice: “hombreeee, hombreeee”, y se voltea y lo abraza. “Cuidado y me vayas a mear, jodido” le dice Tomàs (o algo así). El otro le contesta, “no jodás” y lo vuelve a abrazar. Fue en una campaña electoral. Tomás ya no era ministro del Interior.
Fue la misma ocasión en que Camila acaba de contar en FB, que un compañero le quiso dar la mano para bajar una escalera y Tomàs le dijo “antes de que me caiga yo, se cae el Imperio”.
Y así será.
La Vida, la Naturaleza, Ustedes, la Revolución, me han permitido conocer a Tomàs Borge, héroe como los héroes de la mitología griega. La implacable constancia, la tortura, la guerra, la persecución, la creación del mundo nuevo y de la Policía Nacional, como los “Centinelas de la alegría del pueblo”; las contradicciones internas y las envidias; el miedo al compañero de altísimo nivel; las debilidades ideológicas de las compañeras y compañeros, que le temieron; orador, escritor, poeta.

Mis queridas, mis queridos, entienden ahora por qué, cuando digo que es un honor haber compartido su amistad, no es una frase, es decirme a mí mismo he conocido a un a un héroe, a un ser humano excepcional. A un hombre Nuevo.
Claro que con defectos. He conocido a un ser humano, no a una abstracción.
Lo digo, ya no por quedar bien con nadie. Lo digo porque es así. Y les concluyo mis queridas y queridos. Tomás se replegó por amor al FSLN. Jamás permitiría la ruptura del Partido, ni la deslealtad a Daniel, por mucho que le golpearan. Marcela aprendió esa militancia y esa lealtad a Sandino, al FSLN y a Daniel. Mi respeto enorme Marcela.
Yo le debo todo a gente como Tomás, que entregó la vida por la opción por los pobres.
Discúlpenme la confesión de amor, frase de Sergio Ramírez que se fue de la militancia sandinista hace muchos, muchos años, pero adecuada a este texto.
Disculpen la confianza, les quiero muchísimo y estoy a vuestras órdenes.
PLoMO